Steven Spielberg ha vuelto a mirar uno de los tropiezos más dolorosos de su carrera, 1941, la comedia bélica que estrenó en 1979 y que, según dijo, fue una producción comparable a un “big demolition derby”. La película, concebida como una historia sobre californianos que se preparaban para la guerra en los días posteriores a Pearl Harbour, terminó convertida en una de las experiencias más difíciles de su filmografía.
El golpe quedó en las cifras. 1941 costó 35 millones de dólares y recaudó 94,9 millones, una taquilla que no alcanzó a compensar las expectativas que venían de una racha anterior mucho más fuerte. Antes de esa cinta, las películas de Spielberg habían reunido en conjunto unos 780 millones de dólares en todo el mundo, lo que ayudaba a explicar por qué el fracaso pesó tanto dentro y fuera del estudio.
La película reunió a John Belushi, Ned Beatty y Dan Aykroyd en un reparto pensado para una comedia de gran escala, pero el tono terminó jugando en contra de lo que Spielberg buscaba. En el documental Spielberg, de 2017, el director dijo que era difícil volver sobre 1941 y resumió así su sensación sobre la reacción que generó: “It was like I had committed a war crime”.
Ese juicio retrospectivo tiene un trasfondo claro. Spielberg intentaba canalizar la energía caótica de directores que admiraba, en especial Robert Zemeckis y John Landis, y apostó por explosiones a gran escala y secuencias elaboradas que sí habían funcionado en Jaws y Close Encounters of the Third Kind, pero que resultaron excesivas para una comedia. Lo que en sus éxitos previos era tensión visual, aquí se le volvió ruido.
La historia también arrastró una fricción más personal. John Wayne fue un crítico vocal de 1941, y antes de que el rodaje comenzara Spielberg le ofreció un papel en la película. Wayne, sin embargo, quedó furioso después de leer el guion. Esa reacción subraya hasta qué punto el proyecto generó rechazo incluso antes de llegar a la pantalla.
Lo que 1941 dejó hoy es una advertencia sencilla para la carrera de Spielberg: ni el prestigio acumulado ni el músculo de un gran presupuesto garantizan que una comedia de guerra funcione cuando el exceso tapa la idea central. Por eso sigue siendo una película que él recuerda con incomodidad y que el público aún cita como el momento en que un director consagrado perdió, al menos por un tiempo, el control de su propia escala.

