José Mourinho es ahora el favorito abrumador para convertirse en el próximo entrenador del Real Madrid, una posibilidad que en el club ya se da por hecha para el final de la temporada. Si el plan se cumple, el portugués relevará a Álvaro Arbeloa y se sentará en el banquillo del Bernabéu cuando el curso termine el 23 de mayo.
El movimiento tendría una carga simbólica y deportiva enorme. Mourinho volvería a un vestuario que, en apenas un año, habría pasado por cuatro entrenadores: Ancelotti, Xabi Alonso, Arbeloa y él. En la casa blanca, la urgencia no nace solo del calendario, sino de los últimos episodios que han agitado al equipo, desde la pelea entre Tchouaméni y Valverde hasta el estallido de Mbappé contra Arbeloa tras el partido ante Oviedo el jueves.
La expectativa sobre Mourinho llegó después de que Florentino Pérez abriera el proceso electoral con su incendiaria comparecencia del martes. El club, sin embargo, cuenta con estatutos que protegen el funcionamiento normal de la entidad mientras dura esa carrera interna, así que la transición deportiva no quedaría bloqueada por el movimiento político. En público, Pérez volvió a dejar claro el miércoles, en una entrevista con La Sexta, que el técnico portugués sigue teniendo crédito en la zona noble del Bernabéu: “Ya estuvo aquí y elevó nuestro nivel”.
Ese respaldo ayuda a entender por qué Mourinho aparece, en este momento, como el único candidato al que se atribuye capacidad real para devolver el orden al vestuario. También explica por qué su nombre pesa más que el de cualquier alternativa en un club que no ha encontrado estabilidad desde que el propio Mourinho dirigió al equipo entre 2010 y 2013.
El regreso, además, no dependería solo de la voluntad del Real Madrid. Mourinho sigue ligado al Benfica, y su salida exigiría una compensación de tres millones de euros, un detalle que añade fricción a una operación que el entorno blanco considera avanzada. Aun así, la sensación es que el desenlace ya está encaminado y que la pregunta no es si encajaría en el club, sino si el calendario y el acuerdo económico permiten que llegue a tiempo para tomar el mando el 23 de mayo.
La paradoja es que el Madrid busca orden mirando al pasado. Tras la marcha de Mourinho, el club ganó cuatro Champions en cinco años, entre 2014 y 2018, pero ahora vuelve a un nombre que simboliza autoridad inmediata en medio de un ciclo lleno de sobresaltos. Si el plan se concreta, el equipo no solo cambiará de entrenador; cambiará de mando en plena tormenta.

