Jaume Roures estudia volver a hacerse con Mediapro y recuperar el mando de la compañía que dejó en octubre de 2023, cuando el accionista mayoritario Orient Hontai, filial de Southwind Media Capital, impulsó su salida. El fundador del grupo trabaja además en la compra de la deuda que Mediapro mantiene con Pimco, el acreedor principal, a través de un vehículo conjunto con un fondo de inversión que permitiría adquirir esos títulos por debajo de su valor nominal.
La operación, si prospera, colocaría de nuevo a Roures en el centro de una compañía golpeada por la presión financiera. Mediapro tiene una deuda total cercana a 600 millones de euros, de los cuales Pimco controla casi 500 millones, y ha incumplido los covenants pactados con el acreedor. Su ratio deuda/ebitda supera cinco veces, un nivel que refleja el deterioro de su balance y que explica por qué la compañía negocia para evitar que Pimco ejecute las garantías del préstamo y gane un control efectivo sobre el grupo.
El movimiento de Roures llega en un momento especialmente delicado. La firma está dirigida ahora por Sergio Oslé como presidente y Carlos Núñez como consejero delegado, mientras la matriz Southwind sopesa incluso una posible venta de su participación con una valoración neta de entre 200 y 300 millones de euros, una cifra muy por debajo de referencias anteriores. A finales de 2025, Secuoya barajó una valoración para el grupo de unos 700 millones de euros, deuda incluida, y en 2023 la salida de Roures se produjo en un contexto en el que Mediapro se valoraba en torno a 1.000 millones de euros.
La caída en las expectativas de precio acompaña a una presión financiera que no ha dejado de crecer. Southwind inyectó 620 millones de euros en 2022 y asegura que ha invertido más de 1.500 millones de euros desde su entrada, pero el grupo ha seguido acumulando tensiones. Fitch rebajó el año pasado la nota de Mediapro a B-, y en enero de 2026 Moody’s la situó en Caa1 con perspectiva negativa, una señal más de que el mercado ve cada vez más difícil su refinanciación en términos cómodos.
La crisis también se ha trasladado al empleo. En marzo, Mediapro presentó un ERE para 250 trabajadores en España, una cifra que representa el 22% de la plantilla nacional, y la reducción de plantilla en su red internacional podría llegar a 1.000 personas de un total de 7.000 empleados. El ajuste muestra hasta qué punto la empresa intenta contener costes mientras busca una salida a su pasivo y a la presión de sus acreedores.
En paralelo, siguen abiertas las cuentas entre los accionistas. Tatxo Benet conserva un 5% de Mediapro y quiere venderlo por 50 millones de euros, aunque Southwind le ofrece 15 millones. Roures, que en 2023 vendió otro 5% por 50 millones en una operación que entonces valoró la compañía en torno a 1.000 millones, ahora intenta recomponer una posición en un grupo mucho más castigado. El desenlace dependerá de si logra cerrar la compra de la deuda de Pimco y de si la negociación con el acreedor evita una toma de control forzada en un momento en que Mediapro ya no puede permitirse más margen de error.
