Harold Reynolds pasó un largo tramo en MLB Network la noche del miércoles discutiendo en contra de la idea de Shohei Ohtani, el lanzador. El analista no escondió que no le gusta que Ohtani parezca estar centrado con tanta fuerza en el pitcheo este año para Los Angeles Dodgers.
El debate cobró fuerza porque Ohtani no estaba en la alineación al bate el miércoles cuando abrió y lanzó una joya. Ahora se espera que tome descanso el jueves antes de volver como bateador designado el viernes, una secuencia que mantiene vivo el mismo dilema que rodea a su temporada: cuánto debe pesar su brazo frente a su bate.
Reynolds discutió con sus compañeros que el pitcheo de Ohtani estaba restando valor a sus credenciales de Jugador Más Valioso. La objeción llegó en un momento en que los números siguen apuntando en otra dirección. Ohtani trabaja con una efectividad de 0.82, y el planteamiento que se puso sobre la mesa fue que podría abrir 30 juegos en el montículo y batear en 130. Eso significaría 130 juegos más como un bateador superestrella que los que ofrece cualquier otro abridor en las Grandes Ligas.
La comparación importa porque Ohtani no está siendo valorado como un lanzador cualquiera que también entra en la rotación de vez en cuando. Está siendo medido como alguien que puede cambiar un juego desde ambos lados de la pelota en la misma temporada. El debate, por ahora, no gira sobre si eso es raro; gira sobre qué parte de esa rareza define mejor su valor.
Y ahí es donde la discusión se vuelve incómoda para quienes quieren separar al Ohtani lanzador del Ohtani bateador. El mismo artículo sostiene que seguiría siendo el jugador más valioso por amplio margen si logra 30 aperturas de calidad en el montículo y además es un primer bate realmente bueno en más de la mitad de los otros juegos de su equipo. En otras palabras, la vara no es baja: tiene que sostener el volumen en la loma y al mismo tiempo seguir produciendo en el plato.
La referencia histórica también pesa. Babe Ruth fue lanzador y después bateador, pero con muy poca superposición entre ambas funciones. En los días de Ruth, se dice que siempre bateaba por sí mismo cuando lanzaba. Esa diferencia ayuda a explicar por qué la comparación con Ohtani sigue generando discusiones tan vivas: el japonés no está alternando dos carreras separadas, sino tratando de hacer ambas a la vez.
Reynolds, sin embargo, dejó claro que no compra esa versión del argumento. Su molestia no fue con la excelencia de Ohtani, sino con la idea de que el centro de gravedad de su temporada pueda desplazarse hacia el pitcheo. En una liga que ha pasado años buscando maneras de encajar su singularidad en una categoría, la postura de Reynolds fue casi una advertencia: si lo miran demasiado como lanzador, dicen algunos, podría estar taking away from his MVP credentials.
Por ahora, la respuesta más contundente sigue viniendo del campo. Ohtani lanzó bien el miércoles, tendrá un respiro el jueves y volverá al bate el viernes. La discusión sobre qué versión de él vale más no se cerró en la televisión de la noche; quedó atada a una realidad más simple y más dura para sus críticos: mientras siga produciendo así en ambas facetas, el debate no hace más que confirmar su peso dentro del juego.

