Levante ha convocado una nueva recepción masiva para su plantilla antes del partido contra el Mallorca, una cita que puede marcar su pelea por seguir en la Primera División. La llegada de la expedición de Luís Castro al Ciutat de Valencia está prevista para las 17:30, y el club quiere que el estadio reciba al equipo vestido de azulgrana.
La petición es clara: que las gradas presenten solo los colores azul y rojo cuando los jugadores salten al campo. Para facilitarlo, el club ha fijado en 50 euros el precio de las camisetas oficiales en la tienda del estadio y ha pedido a la afición que acuda al encuentro con la camiseta del equipo.
La cita repite una fórmula que ya dio resultado en la jornada 32, cuando Levante organizó una recepción multitudinaria antes del duelo frente a Osasuna en Primera División. Entonces, como ahora, la idea era convertir el Ciutat de Valencia en un impulso visible para un equipo al que se le juega mucho en casa.
El contexto de este llamamiento es sencillo y, al mismo tiempo, pesa mucho: el partido ante Mallorca es considerado decisivo en la batalla del Levante por mantener el puesto en la máxima categoría del fútbol español. Por eso el club ha insistido en que la movilización de la grada no es un gesto decorativo, sino una forma de agradecer el apoyo incondicional de la afición y de intentar que el estadio se parezca a esos grandes días en los que aprieta desde la primera llegada del equipo.
La tensión está en que el plan depende de la respuesta del público justo en una jornada en la que cada detalle cuenta. Levante ya probó ese camino en la jornada 32 y ahora apuesta por repetirlo en un partido que llega con el calendario en su tramo final y con el futuro inmediato del equipo en juego.
Si la recepción vuelve a llenar el acceso al estadio y las gradas responden con el azul y el rojo que pide el club, el Ciutat de Valencia puede convertirse otra vez en un escenario de presión y respaldo al mismo tiempo. Levante no busca solo ambiente: busca que la noche contra Mallorca empuje de verdad una permanencia que todavía se decide partido a partido.

