Tamara Falcó ha cambiado el tono de su entrenamiento y lo ha descrito sin rodeos: una rutina “muy militar” de cinco o seis días a la semana, con sesiones de 45 minutos de HIIT, cardio y pesas. La aristócrata, de 44 años, contó que desde abril trabaja con un entrenador y que el plan ha ido ajustándose con el tiempo, hasta dejar atrás disciplinas más suaves.
El dato que mejor resume el giro no es solo la frecuencia, sino el enfoque. Falcó explicó que ahora entrena bajo la guía de su preparador Juan Luis Martín y que también fue asesorada por la nutricionista Teresa Armenta. En su entorno, la disciplina no empieza en el gimnasio: dijo que se levanta a las cinco de la mañana, aunque no se siente activa hasta las 8, y que antes de entrenar dedica unos minutos a la oración o a ejercicios mentales.
La secuencia diaria de Falcó también está marcada por hábitos muy concretos. Dijo que bebe café cada mañana nada más despertarse, un hábito que incorporó a los 24 años y que, según ella, cambió su vida. Después toma vitaminas, una costumbre que atribuye a su madre, Isabel Preysler, y completa su rutina con hidratación de la piel como parte de una prevención antienvejecimiento.
El cambio de método no fue inmediato. Falcó admitió que los primeros meses no resultaron fáciles y que llegó a estancarse en un punto, aunque recalcó que los resultados tardan en aparecer. “Yo soy una vaga de libro. Entreno porque viene un entrenador”, dijo al describir el empuje externo que necesita para sostener el plan. También reconoció que el esfuerzo se nota: “Estoy con un entrenador y va cambiando. Es un sufrimiento, pero se nota. Hombre, ¡como para que no se note!”.
Ese contraste entre comodidad y exigencia es el centro de su relato. Hasta el año pasado, Falcó se había vinculado sobre todo con pilates y disciplinas más suaves, pero desde abril sostiene una preparación más intensa que, asegura, ya le ha dejado más fuerza y más músculo. “Lo importante es que ahora estoy sana. He ganado músculo y me encuentro bien”, resumió.
La clave de esta transformación no parece ser una búsqueda estética rápida, sino la insistencia. Falcó afirmó que ha notado “mucho cambio” desde que empezó y que su cuerpo responde a un trabajo constante que combina entrenamiento, descanso medido, nutrición y seguimiento profesional. En un entorno donde las rutinas suelen venderse como fórmulas milagrosas, ella presentó la suya como lo contrario: repetición, disciplina y tiempo.
Lo que queda claro es que su nueva etapa física ya no depende de la imagen de una práctica amable, sino de una preparación exigente que Falcó asume como parte de su vida diaria. Si su propia descripción sirve de guía, el cambio ya ocurrió: entrenar cinco o seis días por semana dejó de ser una intención para convertirse en una costumbre sostenida desde abril.
