Tomás, el hijo mayor de María García de Jaime y Tomás Páramo, recibió su primera comunión el 9 de mayo en una ceremonia marcada por la emoción, la lluvia y la presencia de familiares y amigos. El sacramento fue oficiado por Arsenio Fernández de Mesa.
Para la familia, el día tuvo un peso especial. Páramo lo resumió como una jornada “emocionante de principio a fin”, con nervios, nostalgia, incredulidad y algunas lágrimas, además de una misa sencilla y una homilía “llena de mensajes para guardarse en el corazón”. También dijo que le invadieron los recuerdos del nacimiento de su hijo y la sensación de lo rápido que pasa la vida.
La comunión de Tomás llega en una fecha muy señalada para la pareja, que comenzó su camino como padres hace unos 10 años, cuando ambos tenían 20. Desde entonces, la fe ha sido descrita como el pilar de su hogar, y la celebración de este viernes volvió a ponerla en el centro de una jornada familiar que unió ceremonia religiosa y fiesta.
Tras el acto, la celebración se trasladó a una carpa decorada con papelería personalizada, una ilustración del niño y luces con estética de verbena. La presencia de amigos influyentes ayudó a ampliar la difusión del evento, y Bea Gimeno compartió un vídeo en el que María García de Jaime y Tomás Páramo cantan “No Dudaría”, de Antonio Flores.
El propio Páramo agradeció a Arsenio Fernández de Mesa que la primera comunión de su hijo fuera “a través de tus manos”. También describió la lluvia como “un diluvio de bendiciones” y agradeció a la gente que les acompaña, les quiere y les cuida. En otro mensaje, afirmó que fue un día “más especial aún de lo que imaginaba”, con tanta emoción y nostalgia por lo rápido que ha pasado el tiempo que le resultaba “imposible imaginar un día más feliz para todos”.
La escena dejó una conclusión clara: la comunión de Tomás no fue solo una ceremonia religiosa, sino una celebración familiar construida alrededor de la fe, los recuerdos y un hijo que acaba de entrar en una nueva etapa. Lo que siguió al 9 de mayo fue una fiesta compartida; lo que quedó, para sus padres, fue la certeza de que el tiempo avanza deprisa y de que ese día ya ocupa un lugar propio en la historia de la familia.

