Un sismo de magnitud 6,9 sacudió la tarde de este lunes 25 de mayo la región de Antofagasta, en el norte de Chile, y se sintió desde Arica hasta Coquimbo. El temblor ocurrió a las 17.52 horas, con epicentro a 20 kilómetros al noreste de Calama y a una profundidad de 114 kilómetros.
El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile informó después del movimiento que las características del sismo no reunían las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile. La evaluación llevó alivio a una zona donde cada temblor antofagasta de esta magnitud obliga a mirar de inmediato el mar, pero esta vez el foco quedó en la intensidad del remezón y no en una amenaza costera.
El terremoto se registró en el norte del país, en una franja sísmica donde los movimientos profundos suelen percibirse en una amplia extensión territorial. En esta ocasión, la combinación de magnitud y profundidad explicó que el sismo se dejara sentir en varias regiones, aunque sin activar una preocupación mayor por inundación marina.
La clave del episodio estuvo precisamente en lo que no ocurrió. Pese a la fuerza del movimiento y a su alcance entre Arica y Coquimbo, la evaluación técnica descartó una amenaza de tsunami para Chile. Para quienes lo sintieron, la preocupación principal fue el golpe del temblor; para las autoridades, el siguiente paso era mantener el monitoreo habitual de la actividad sísmica en el norte.
Con el sismo ya evaluado y sin alerta de tsunami, el episodio queda como uno de los movimientos más notorios de la jornada en Antofagasta, recordatorio de la exposición constante del país a eventos de esta naturaleza. La respuesta oficial despejó la duda que más importaba hoy: el mar no reunía condiciones para verse afectado.
