Lectura: Marc Clotet y Natalia Sánchez convierten Cadaqués en su refugio familiar

Marc Clotet y Natalia Sánchez convierten Cadaqués en su refugio familiar

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y vuelven a Cadaqués con sus dos hijos, Neo y Lía, y repiten una rutina que para ellos ya es casi una costumbre familiar: escapar al pueblo de la Costa Brava donde el verano se vive sin prisa. La pareja de actores lo define como su “pueblo del alma”, y también como un “pueblo maravilloso” en el que recuerdan que nació Dalí.

La escapada no es nueva ni casual. Cadaqués, en la provincia de Girona, es el lugar al que suelen ir cuando quieren mar y desconexión, mientras que su masía cerca de Girona funciona como refugio de invierno y de rutina. Esa división entre una casa para el día a día y otra para el verano explica por qué el pueblo blanco, con sus calles empedradas y su ritmo bohemio, ocupa un lugar tan fijo en la vida de la pareja.

Para Clotet, además, no se trata solo de un destino elegido de adulto. Su familia ha pasado históricamente los veranos en Cadaqués, y él mismo pasó allí parte de su infancia. Hoy esa herencia se extiende a una nueva generación: él y Sánchez han llevado a Lía y Neo a mantener una tradición que, en la familia Clotet, viene de antes. Esa continuidad convierte al pueblo en algo más que una postal de verano.

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La conexión de Sánchez con el lugar también se ha hecho más profunda con el tiempo. La actriz dijo que Cadaqués es uno de los sitios donde se siente más feliz, y ha terminado por adaptarse al ritmo más lento y bohemio del pueblo. Además, ha aprendido a hablar catalán perfectamente, un detalle que encaja con la vida cotidiana que ambos han ido construyendo alrededor de Girona y la Costa Brava. Lo que empezó años atrás con su traslado a Barcelona por amor acabó abriéndole la puerta a una geografía familiar que hoy ya comparte sin esfuerzo.

En temporada alta, la pareja no busca el centro más concurrido de agosto. A veces se les ve desayunando en el Bar Melitón o caminando por es rastell, las calles de piedra que forman parte del paisaje de la localidad. Esa preferencia por los rincones menos expuestos encaja con la manera en que han protegido su vida privada y con la imagen de un verano que en su caso no se mide por exhibición, sino por repetición. La próxima escena está prácticamente escrita: volverán a hacer lo mismo cuando llegue el calor, porque para ellos Cadaqués no es una visita, sino una casa de temporada que ya forma parte de la familia.

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