El mercado del bono siguió cayendo el lunes, 18 de mayo de 2026, mientras los inversores daban por hecho que varios bancos centrales volverán a subir los tipos para frenar una nueva ola inflacionaria. El rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años llegó al 4,6%, su nivel más alto desde enero de 2025.
La tensión no se limitó a Estados Unidos. En Japón, el rendimiento del bono soberano a 10 años subió al 2,7%, una cota que no se veía desde hace casi tres décadas, y el bono a 30 años avanzó más de 10 puntos básicos hasta un récord del 4,2%. En Alemania, la referencia a 10 años tocó el 3,15%, máximo de 15 años, mientras el bono español rondó el 3,5% tras subir un 3% en los siete días anteriores. En Reino Unido, el rendimiento superó el 5%, y en Francia se acercó al 4%.
El movimiento llegó después de más de dos meses de guerra en Oriente Medio y reforzó la idea de que la presión inflacionaria sigue viva en el sistema financiero. Los precios del crudo también acompañaron esa lectura: el Brent subió alrededor de un 1,5% el lunes, hasta 110 dólares el barril, y el West Texas Intermediate ganó un 1,7% hasta casi 103 dólares. Cuando la energía vuelve a encarecerse y los rendimientos soberanos se mueven al alza a la vez, el mercado está diciendo lo mismo por dos vías: los tipos pueden seguir subiendo.
El telón de fondo es claro. El Banco Central Europeo mantuvo sus tipos en el 2% a finales de abril, y la Reserva Federal dejó los suyos en el 3,5% en su última reunión, pero los contratos del mercado ya descontaban una probabilidad superior al 50% de que la Fed subiera de nuevo en diciembre. En París, Christine Lagarde resumió el clima con una frase directa: dijo que siempre se preocupa, porque ese es su trabajo.
La otra fricción está en Tokio. El gobierno japonés probablemente tendrá que emitir nueva deuda para financiar un presupuesto suplementario destinado a amortiguar el impacto económico de la guerra, justo cuando los rendimientos se disparan. Ese cruce entre más gasto, más emisiones y un mercado que exige cada vez más rentabilidad explica por qué el bono se ha convertido hoy en el termómetro más incómodo de la economía global. El dato que queda para las próximas semanas no es si la presión cede, sino hasta dónde tendrán que ir los bancos centrales antes de convencer al mercado de que la inflación vuelve a estar bajo control.

