María Delgado lleva 40 años atendiendo su quiosco en Tobalaba con Apoquindo, en Las Condes, y este año pensó que vendería menos. Chile no está en el Mundial y, aun así, las láminas del álbum de la Copa del Mundo 2026 se le han ido de las manos. En los últimos días, cuenta, la gente ha llegado a preguntar por el álbum con insistencia, algunos incluso ya estaban anotados para comprarlo.
Delgado dice que la respuesta la sorprendió tanto como la demanda. Algunos clientes le han comprado hasta $100.000 en láminas, en un formato que cuesta $1.100 e incluye siete stickers. También asegura que muchas de esas ventas han venido de mujeres, algo que hace pocos años no veía con la misma frecuencia en su puesto.
El fenómeno llega con menos de un mes por delante para el torneo y ya dejó un cuadro conocido en Chile: preventas agotadas, filas para conseguir el álbum y quioscos y tiendas sin stock. Panini lanzó el álbum el 7 de mayo y organizó por primera vez en el país una preventa que terminó alimentando la expectativa. La propia empresa dice que el entusiasmo del público siempre supera sus proyecciones.
La presión no se explica solo por el fútbol. Catalina, una compradora, dijo que decidió adquirir el álbum aunque no sigue de cerca ni a FIFA ni al deporte en general, porque el Mundial le parece una instancia entretenida para compartir con familia, amigos y colegas de trabajo. Añadió que, aunque Chile no participe, el ambiente mundialero igual toma los espacios y que coleccionarlo con una amiga se ha vuelto un juego emocionante al ir descubriendo las láminas que salen.
Ese tipo de testimonio es precisamente el que describe Sebastián Goldsack, quien sostiene que el Mundial dejó de ser hace tiempo solo fútbol y hoy funciona como uno de los pocos rituales colectivos globales que logran reunir emocionalmente a personas muy distintas entre sí. Según dijo, eso explica que el álbum ya no sea solo un producto para hinchas, sino una experiencia social, emocional y cultural en la que participan niñas, mujeres, familias completas y personas que no necesariamente siguen el deporte.
En las calles, eso se traduce en adultos que compran el álbum para recordar tiempos pasados, compartir recuerdos con amigos o hacerlo junto con sus hijos. En el quiosco de Delgado, la escena resume bien el momento: un país fuera del torneo, pero metido igual en la fiebre de las laminas Mundial 2026. Si algo quedó claro esta semana, es que la ausencia de la selección chilena no enfría el negocio ni apaga el ritual; solo cambia quién lo vive y cómo lo vive.

