Un trabajador pasó junto al recinto del Salón del Automóvil de Beijing este 23 de abril de 2026 con el teléfono en la mano, mientras la feria de este año se preparaba para su inauguración del viernes. La escena, cotidiana en apariencia, coincidió con un momento de mayor fricción entre China y Europa por la industria automotriz y los vehículos eléctricos.
Chu Daye, reportero de negocios del Global Times especializado en temas generales, comercio, inversión y energía, puso el foco en esa tensión al hablar del pulso entre ambas partes. En el debate reapareció el nombre de Dongfeng Peugeot-citroën, en un mercado donde las marcas y los flujos de capital cruzados siguen creciendo incluso cuando aumentan las barreras comerciales.
La Comisión Europea lanzó una investigación antisubvenciones sobre las importaciones de vehículos eléctricos chinos, una medida que Pekín y voces del sector consideran cargada de sesgo. Cui Dongshu, veterano observador del mercado, afirmó que la investigación antisubvenciones lanzada por la UE contra las importaciones de vehículos eléctricos chinos “es sesgada y mostró una postura proteccionista”.
Ese diagnóstico llega en un contexto de creciente inversión de ida y vuelta entre China y los fabricantes europeos de automóviles, un vínculo que no se ha roto pese a la ofensiva regulatoria. Para empresas con intereses a ambos lados, como Dongfeng Peugeot-citroën, el mensaje es claro: el negocio sigue avanzando, pero lo hace bajo una sombra política cada vez más pesada.
La contradicción es la que define el momento. Bruselas dice que defiende un mercado justo; Pekín y los críticos de la medida ven una barrera comercial disfrazada de control. Mientras tanto, el Salón del Automóvil de Beijing abrió sus puertas el viernes y sirvió de telón de fondo para una industria que sigue apostando por la cooperación, aun cuando la disputa por los eléctricos amenaza con endurecer el terreno en los meses siguientes.
