Carmen Lomana vuelve siempre a Asturias cuando habla de su infancia, de su familia y de un lugar que identifica como suyo. Desde niña ha pasado los veranos en Celorio, en Llanes, y allí, junto a la playa de Palombina, ha encontrado el sitio al que regresa para esconderse del ruido y descansar de sus compromisos sociales y laborales.
La propia Lomana lo resumió con una frase que explica por qué Celorio sigue ocupando un lugar central en su vida: «Asturias, mi casa, mi infancia y juventud. En Celorio (Llanes) siempre fui feliz». No es una declaración aislada. En 2010 ya había dicho que sus recuerdos de infancia y adolescencia estaban ligados a Asturias y que sus primeros amores los vivió en Celorio. También dejó otra afirmación que encaja con esa fidelidad emocional: «Celorio lo llevo en mi corazón».
Ese vínculo no se entiende sin la casa familiar y sin la memoria de su madre, ya fallecida, a la que recuerda sentada en el porche de la vivienda, frente a la playa de Palombina. Para Lomana, ese paisaje no es solo un destino de verano, sino el escenario de una parte decisiva de su biografía. Su familia llegaba a Celoriu por San Pedro, y las vacaciones no terminaban hasta que comenzaban las clases en septiembre, una rutina que dibuja una infancia larga, ordenada alrededor del mar y del tiempo en familia.
Palombina, la playa urbana de Celorio, refuerza esa idea de permanencia. Es una de las más conocidas de la costa de Llanes y combina arena blanca, agua cristalina y formaciones rocosas que emergen tanto en tierra como en el mar. A Lomana, que la frecuentaba de niña, le sigue transmitiendo una sensación de libertad. En verano recibe además una gran afluencia de turistas, y a marea baja conecta con Las Cámaras y Los Frailes, lo que amplía aún más el paisaje que ella asocia con sus veranos asturianos.
La playa cuenta también con un amplio aparcamiento, un mirador con vistas destacadas y todo tipo de servicios y equipamiento, rasgos que la han consolidado como uno de los enclaves más visitados de la zona. Pero en el caso de Lomana, el valor de Celorio no está en su oferta ni en su fama, sino en la certeza de que allí siempre ha encontrado refugio. La pregunta ya no es por qué vuelve, sino qué otro lugar podría tener para ella el peso de una casa, una infancia y una memoria tan claramente unidas.
Ese arraigo ayuda a entender por qué nombres como Carmen Lomana aparecen a menudo ligados a espacios que trascienden la postal turística, como ocurre también con otras presencias conocidas en el programa Pasapalabra, entre ellas Ana Morgade y Álex O’Dogherty. En su caso, Celorio no es una escala más en el mapa: es el lugar donde su historia personal sigue intacta.

