Lectura: Telemadrid Toros: Ferrera firma en Las Ventas una lección de oficio y mando

Telemadrid Toros: Ferrera firma en Las Ventas una lección de oficio y mando

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dio este día en Las Ventas una lección de conocimiento, técnica, dominio, seguridad y colocación frente a una corrida de que, aun bien presentada, dejó pocas semejanzas con el toro típico de Pablo Romero. El extremeño, que tomó la alternativa en Olivenza, Badajoz, el 2 de marzo de 1997, completó ya 29 años de alternativa y volvió a dejar la impresión de un matador en plenitud de recursos.

Ferrera se entendió con el cuarto toro en una faena de mucha obra, con muletazos muy meritorios por ambos lados, y terminó por imponer el criterio en una tarde en la que el ganado se mostró manso en los caballos y deslucido y descastado en el último tercio. La frase que mejor le retrata sigue siendo la que se le atribuye: “Lleva dentro una añeja torería”.

El mérito de Ferrera pesa más porque su carrera ha atravesado etapas muy distintas: los años duros con corridas encastadas, una fase como matador innovador y, ahora, un tiempo más independiente, en el que suele pasar mucho más por América, a menudo en plazas menos conocidas, que por España. Esa trayectoria ayuda a explicar por qué su obra en Madrid tuvo tanto valor: no fue solo una buena faena, sino la confirmación de un torero que sigue sabiendo leer los toros cuando la corrida no regala nada.

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En contraste, el mexicano pasó inadvertido y el venezolano no pudo colocar las banderillas al sexto toro. Colombo intentó el primer par con el animal inmóvil, en el centro del ruedo, pero falló; volvió a intentarlo después y tampoco logró dejar los palos, en medio de los protestos del público. Ahí quedó otra de las grietas de una corrida que se anunció con presencia pero que acabó mostrando debilidad, desorden, tedio y falta de casteo.

La tarde dejó así dos imágenes difíciles de conciliar: la de Ferrera imponiéndose con autoridad a un toro complicado y la de una corrida de Partido de Resina que, pese a su buena apariencia, no sostuvo el interés hasta el final. En una plaza donde pesa tanto el fondo como la forma, el extremeño fue el único capaz de convertir la exigencia en argumento y de sostener el peso de la función cuando el encierro se vino abajo.

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