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Cuba se queda sin Combustible: el gobierno admite reservas cero y sube la tensión

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El ministro de Energía y Minas de Cuba, , anunció el miércoles por la tarde que el país ya no tiene ni diésel ni fueloil. Lo dijo en televisión con una frase que dejó al descubierto la gravedad del momento: “No tenemos absolutamente nada de fueloil, ni absolutamente nada de diésel. Ya no tenemos reservas”.

La admisión llegó cuando la isla ya había consumido también el último cargamento importado. De acuerdo con el propio ministro, los apagones en La Habana superan ahora las 20 a 22 horas al día, una cifra que resume la urgencia de una crisis que no da tregua. En ese mismo mensaje, De la O Levy agregó: “Cuba está abierta a cualquiera que nos quiera vender combustible” y describió el panorama con otra frase: “La situación está muy tensa, se está poniendo más caliente”.

El dato más duro no es solo que se acabó el combustible disponible, sino lo que significa para un sistema eléctrico que depende casi por completo de él. Dos tercios de la demanda energética de Cuba han sido cubiertos por importaciones de fuel, sobre todo desde Venezuela y México. Y alrededor del 80% de la mezcla eléctrica del país sigue apoyándose en 16 unidades termoeléctricas y en diversos motores de fueloil y diésel repartidos por todo el territorio.

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Eso convierte cualquier interrupción en combustible en un golpe directo al funcionamiento cotidiano del país. La crisis ya afecta hospitales, transporte y la vida diaria, y el malestar salió a la calle el martes por la noche, cuando hubo protestas en La Habana por los cortes de electricidad. En paralelo, Cuba dispone de 1.300 megavatios de capacidad solar instalada con paneles colocados por empresas chinas en los últimos dos años, pero una parte de esa energía se pierde porque la inestabilidad de la red impide almacenarla en baterías.

La escasez de hoy también llega después de semanas de presión externa. Desde finales de enero, Estados Unidos ha mantenido un cerco petrolero sobre Cuba al amenazar con sanciones y aranceles a cualquiera que suministre energía a la isla. El 1 de mayo, la administración Trump endureció todavía más esas sanciones al aplicar castigos a casi cualquier persona o entidad no estadounidense que haga negocios con Cuba, en especial en energía, defensa, seguridad y finanzas.

En medio de ese pulso, un buque cisterna ruso llegó a puertos cubanos a finales de marzo con 100.000 toneladas de crudo, un alivio temporal que no alcanzó para cambiar la tendencia de fondo. El miércoles, además, el ofreció a Cuba 100 millones de dólares en ayuda para “reformas significativas al sistema comunista de Cuba”, una oferta que llega con condiciones políticas explícitas y en el punto más delicado de la crisis.

La tensión es combustible en ambos sentidos: para la red eléctrica, porque ya no queda reserva; y para la calle, porque los apagones se han vuelto interminables. La pregunta inmediata ya no es si Cuba sufre una emergencia energética, sino cuánto más puede sostener una capital donde la luz falta casi todo el día y el gobierno reconoce que no tiene con qué reemplazarla.

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