Paula Salas rompió el silencio este lunes y acusó en Instagram a David Liempi de haberla abusado durante más de 20 años, además de dejarle deudas por más de $30 millones. En el mensaje, la periodista afirmó que se separó definitivamente a mediados de abril de este año y que decidió exponer la situación porque, según escribió, el silencio protege a los abusadores.
La publicación se volvió tema de conversación porque Salas no solo habló de maltrato prolongado, sino también de un perjuicio económico concreto que, según dijo, la dejó con cuentas impagas y préstamos arrastrados por años. La mayor deuda que mencionó es con la Universidad de Chile, por $17 millones, una cifra que, sumada al resto, da dimensión al golpe financiero que describió.
Salas sostuvo que pidió créditos para arreglar el auto que él usaba, pagar terapias y psiquiatra, apoyarlo y sostener a su familia, además de cubrir colegiaturas. También afirmó que pasó 7 años sin salir de vacaciones, que trabajó de lunes a domingo y que incluso el curso de su hijo hizo un bingo para ayudarlos económicamente mientras ella vendía cosas y hacía trabajos extras para sobrevivir.
En su relato, la periodista apuntó además a una doble vida de Liempi, a quien vinculó con viajes, regalos y lujos junto a otras mujeres mientras sus hijos estaban enfermos. Dijo también que, cuando él estuvo cesante, vivía de su trabajo y que el seguro e indemnización que recibió terminaron gastándose en moteles y paseos. Según su versión, hoy él incluso pasa horas hablando con esas mujeres, pero es incapaz de escribirles a sus hijos un simple WhatsApp cuando viaja.
La denuncia cruza un terreno incómodo para la televisión chilena porque Liempi ya había sido apartado temporalmente de Lugares que Hablan en mayo de 2024, tras una reestructuración interna y fusión de áreas en Canal 13, y luego Pancho Saavedra pidió su regreso a la pantalla. Esa secuencia, que terminó con su retorno en temporadas siguientes, contrasta ahora con la acusación pública de Salas, que no solo lo responsabiliza de abuso, sino también de abandono familiar.
Por ahora no aparece una respuesta pública de Liempi a las acusaciones, y ese vacío es parte del peso de la denuncia. Salas cerró su mensaje diciendo que vivió décadas atrapada en la lógica de un narcisista, que esto no era un desahogo y que lo hacía para que nadie más confundiera amor con abuso. Con esa frase, dejó claro que no está buscando abrir una discusión privada, sino fijar un límite público que recién comienza a medir sus consecuencias.

