El Aeropuerto Internacional del Bajío reportó a las 17:02 horas del 22 de mayo una jornada operativa estable y sin vuelos próximos con demoras o cancelaciones confirmadas. En ese corte, de 200 vuelos observados, 44 estaban en vuelo y 69 permanecían en tierra.
La lectura del momento es clara: aunque durante la jornada del 22 de mayo ya habían operado 29 vuelos con retraso, la terminal aérea mantenía su operación sin afectaciones confirmadas para las próximas horas. El aeropuerto monitorea en tiempo real el estatus de sus operaciones, una vigilancia que permite detectar cualquier cambio antes de que se convierta en un problema para los pasajeros. En este tipo de seguimiento, la referencia sirve también para comparar lo que sucede en otros aeropuertos, como ocurre cuando un aeropuerto reanuda actividades con normalidad tras ajustes operativos o inspecciones puntuales.
Ese estado de calma no elimina los derechos de quienes viajan. La Ley de Aviación Civil en México establece que, cuando una afectación es imputable a la aerolínea, la compañía debe informar a los pasajeros las causas y el tiempo estimado del retraso. Si la espera se prolonga, debe ofrecer alimentos y bebidas, además de la posibilidad de hacer llamadas telefónicas o enviar correos electrónicos, según la duración de la demora. Y si hay una cancelación atribuible a la aerolínea, el pasajero puede elegir entre distintas opciones de compensación.
En la práctica, eso importa incluso en una jornada sin sobresaltos en el Bajío, porque los retrasos del día muestran que el itinerario puede cambiar sin aviso previo. Los pasajeros también pueden acudir a los módulos de la Procuraduría Federal del Consumidor ubicados en los principales aeropuertos del país para recibir orientación sobre sus derechos. En un reporte como el de este 22 de mayo, la diferencia entre un retraso aislado y una afectación confirmada es la línea que separa una operación manejable de un problema mayor, y por ahora esa línea no se cruzó en el Aeropuerto Internacional del Bajío.
