The Boys llegó a su final después de cinco temporadas y 40 capítulos, y lo hizo como empezó: a los golpes, con veneno y sin pedir permiso. El episodio de cierre se abre con bromas sobre ojetes en un funeral y termina de llevar al extremo la mezcla de violencia, burla y exceso que definió a la serie creada por Eric Kripke a partir de los cómics de Garth Ennis.
En ese cierre, Patriota queda ya no solo como el gran villano televisivo de la franquicia, sino como una suerte de superhéroe con pretensiones de ser un dios en la Tierra. La serie, que desde el inicio trazó paralelos con Donald Trump, llevó esa idea hasta el borde en un final con una Casa Blanca destruida, arrancamientos de cabezas, tiburones, peleas y funerales, todo en una misma descarga de caos narrativo.
El impacto del desenlace también pasa por lo que no hace. Jensen Ackles no aparece en el final, porque su regreso quedó reservado para Vought Rising, una decisión que deja claro que el universo de la serie no se cierra del todo aunque sí termine su capítulo principal. En cambio, el episodio sí suma cameos de los protagonistas de la cancelada Gen V, una señal de que la maquinaria de la franquicia sigue moviendo piezas incluso cuando la serie madre se despide.
Ese es, en realidad, el cierre más fiel posible para The Boys: una producción que muchas veces funcionó mejor como meme y provocación que en su desarrollo dramático, y que acabó convertida en franquicia mientras caía en la parodia del cine de superhéroes que decía combatir. La sátira, al final, se volvió parte del mismo sistema que ridiculizaba.
Patriota fue el centro de ese fenómeno. Para la serie, fue un monstruo de poder y narcisismo; para parte de la audiencia, siguió siendo un héroe incluso cuando la evidencia iba en la dirección contraria. Ese desajuste entre lo que la historia mostraba y lo que algunos querían ver explica por qué The Boys logró irritar, atraer y sostener conversación hasta el final.
Con su último episodio, la serie no deja una redención ni una moraleja limpia. Deja una conclusión más incómoda: The Boys terminó como debía terminar, con el mismo ruido con el que convirtió su final de temporada en espectáculo y su exceso en identidad.

