Las elecciones del pasado domingo en Andalucía pueden leerse de varias maneras, pero hay un hecho que ya asoma con claridad: el gobierno de esa comunidad autónoma dejará de ser del PP en solitario para convertirse en uno de coalición, o en un ejecutivo sin coalición formal pero con apoyos parlamentarios de Vox. Esa es, para Francisco Martínez Arroyo, la fotografía política que deja la cita andaluza y la que ayuda a entender el rumbo que puede tomar la derecha española en los próximos meses.
Martínez Arroyo sostiene en su texto que la presencia de la extrema derecha en los gobiernos no es buena para la ciudadanía. Su advertencia no es abstracta. Dice que las mujeres son uno de los objetivos preferentes de los ataques ideológicos de la ultraderecha, que los inmigrantes sufren ese acoso y ven limitados sus derechos y su acceso a los servicios públicos cuando Vox entra en un gobierno, y que las personas LGTBIQ+ también quedan en el punto de mira. En un país donde los inmigrantes ya representan casi el 20% de la población, esa deriva tiene consecuencias inmediatas para millones de personas.
El resultado andaluz, además, no se queda en Andalucía. El autor lo enlaza con un escenario más amplio en España, donde en menos de un año llegarán las elecciones municipales y autonómicas en buena parte del país, incluida Castilla-La Mancha. Después vendrán las generales de 2027, y ahí sitúa la siguiente gran batalla política: conseguir una mayoría de izquierdas en el Congreso de los Diputados pasa, dice, por agrandar el espacio progresista y dirigirse a la ciudadanía con ideas claras. La lectura que propone es menos sobre una suma puntual de escaños que sobre la capacidad de la izquierda para ensanchar su base antes de la próxima gran cita.
La tensión de fondo es evidente. Mientras el avance de gobiernos con Vox se presenta como una posibilidad cada vez más normalizada, el campo progresista llega al tramo decisivo con el desafío de hablar a más votantes sin diluir su perfil. Ese dilema, que ya atraviesa Andalucía, será el que marque el pulso político en muchas comunidades y, después, en el Congreso de los Diputados. Para la izquierda, 2027 no empieza en 2027; empieza ahora.
En El Diario Montañes: Cuba queda a oscuras por la escasez de combustible, la presión sobre los servicios y la vida diaria aparece en otro contexto, pero con la misma idea de fondo: cuando la política se endurece o los recursos se estrechan, el coste acaba llegando antes a la gente común que a los partidos.
Lo que deje Andalucía no será una anécdota regional. Será el ensayo general de una España en la que la derecha ya no compite sola y la izquierda necesita crecer si quiere volver a disputar el poder en 2027.
