Luis de la Fuente Castillo anunciará la lista oficial de España el 25 de mayo, y el seleccionador ya ha dejado claro que el grupo está casi cerrado. Aun así, todavía hay cuatro o cinco puestos abiertos en una convocatoria que debe pasar de una prelista de 51 jugadores a un grupo final de 26.
La cuenta atrás ya está en marcha para una selección que se mueve con un objetivo muy concreto: volver de Norteamérica con dos estrellas en la camiseta. Antes de ese anuncio, España tiene varios amistosos por delante, con Iraq el 4 de junio, Perú el 9, Cabo Verde el 15, Arabia Saudí el 21 y Uruguay el 27, una secuencia que servirá para afinar la plantilla antes del corte definitivo.
La estructura de la convocatoria también está definida en líneas generales. El equipo final debe incluir tres porteros y completar el resto de plazas, por posiciones, hasta llegar a los 26 elegidos. Eso deja poco margen para sorpresas y convierte cada nombre pendiente en una decisión de peso, no en un simple ajuste de última hora.
Entre los nombres que han alimentado el debate aparece Joan García, que no había debutado con España hasta marzo. Su ausencia en listas anteriores lo convirtió en una parte importante de la discusión, precisamente porque su irrupción llegó tarde y obligó a revisar el reparto de minutos y confianza en una demarcación siempre delicada.
Otro caso que resume el nivel de la pelea por entrar es el de Pedro Porro. El defensa se quedó fuera de la lista del Mundial de 2022 y también de la Eurocopa de 2024, un historial que ayuda a explicar por qué cada decisión del cuerpo técnico se mira ahora con lupa. En una lista tan reducida, el pasado reciente pesa tanto como el presente.
De la Fuente dijo que el equipo está prácticamente completo, pero esa frase no cierra la puerta a nada. Al contrario, subraya que la selección llega al tramo final con la mayoría de sus piezas colocadas y con solo unas pocas vacantes para perfiles que puedan cambiar el equilibrio de la convocatoria. La selección española ganó la última Eurocopa y ahora afronta el siguiente paso con la exigencia de sostener ese nivel en un torneo mucho más largo y más duro.
La cuestión ya no es si España tendrá una base reconocible, sino quién ocupará las últimas sillas antes del anuncio del 25 de mayo. Con 51 candidatos sobre la mesa y solo 26 plazas disponibles, la elección final no será tanto una revolución como una poda, y en esa poda se decidirá también cuánto riesgo está dispuesta a asumir España antes del viaje.

