La final de la Liga de Campeones femenina se jugará este sábado en Oslo a las 18:00, hora peninsular española, y tendrá un cruce tan deportivo como personal: Mapi León vestirá la camiseta del FC Barcelona e Ingrid Engen la del Olympique de Lyon. Ambas llegan a la cita como pareja, pero también como rivales directas por el título más importante del fútbol europeo.
Engen dejó Barcelona para marcharse a Francia hace menos de un año y explicó que tomó esa decisión porque también quería pelear por esta copa. La noruega añadió que desde el inicio de la temporada sabía que la final sería en Oslo y que ese detalle la hacía especialmente importante para ella, porque la capital noruega es su casa y el escenario elegido no le pasa desapercibido.
La magnitud del partido queda en la frase de la propia Engen: “Estoy jugando en el Lyon porque también quería luchar por este título”. A su lado, León asumió sin rodeos que la semana previa será distinta a cualquier otra. “No vamos a hablar durante la última semana de nada de fútbol”, dijo, en una señal de que la convivencia entre ambas se mide ya con la distancia que impone una final.
Barcelona y Lyon se disputan de nuevo la Champions, pero esta vez el foco no está solo en el escudo o en el trofeo. Engen y León formaron su relación en el Barça, y ahora se encontrarán por primera vez en Oslo con camisetas distintas, un detalle que añade una capa extra a una final que ya venía cargada por historia y por exigencia competitiva. Esport3 avanzó ese primer cruce en la capital noruega, donde la pareja pasará a ser oposición durante 90 minutos o más.
León fue todavía más clara sobre el tono que espera en el césped. “Ninguna de las dos vamos a tener ningún tipo de piedad”, advirtió, antes de resumir el plan para ganar: “Es una final, las dos queremos ganarla y, para ganar, tenemos que buscar los puntos débiles”. También dejó otra imagen de lo que imagina para el partido: “Se van a buscar y se va a ir a cuchillo”.
La defensora del Barcelona dijo además que cuanto menos falta para la final, más crece la tensión competitiva, y que cada día ambas son más conscientes de que se van a enfrentar como enemigas deportivas. Ese es el contraste que define la cita de Oslo: una relación nacida en Barcelona que no cambia la obligación del domingo ni suaviza el veredicto del partido. En una final así, el afecto se queda fuera cuando el balón empieza a rodar.

