Morante de la Puebla completó este sábado 16 de mayo su segunda tarde en la Feria del Caballo con una actuación que acabó en salida a hombros por la puerta grande junto a Juan Ortega y José María Manzanares. La corrida se celebró en la Plaza de Toros de Jerez a las 19 horas y reunió en el cartel a los tres diestros frente a toros de Álvaro Núñez.
La cita llegó apenas un mes después de que Morante firmara el 16 de abril una de sus tardes más recordadas en la Maestranza con el mismo hierro. En Jerez, el ciclo estuvo dedicado a Rafael de Paula y Álvaro Domecq, un marco que dio peso añadido a una tarde en la que Juan Ortega se ganó una ovación de los tendidos después de su labor con el toro de su lote.
Ortega toreó el segundo de su lote, un animal de 483 kilos, nº49, y la plaza respondió con una ovación cerrada a su labor. José María Manzanares, por su parte, mató al segundo encuentro después de pinchar en el primero y obtuvo dos orejas tras una faena descrita como de gran dimensión, una recompensa que sostuvo el tono alto de la corrida desde el centro del cartel.
El momento más comentado llegó en la faena de Morante al cuarto toro. Lo recibió con dos pases por alto y después tres genuflexos para sacarlo del tercio. Luego instrumentó un molinete y sonó la música. El toro mostró claras señales de mansedumbre, pero el torero volvió a la cara del animal tras partir el palo, en una secuencia que elevó la intensidad de la tarde y dejó la impresión de que el trabajo se construyó contra la lógica del comportamiento del astado.
El quinto de la tarde, llamado Ponderoso, era un castaño bocidorado de 510 kilos, nº78. Morante resumió después lo que había encontrado en el ruedo: «El toro prestaba poco servicio y era difícil confiar en él, pero yo tenía puesta un poquito de ilusión porque no lo hacía mal del todo. Ponía bien la cara aunque seguía huyendo. No tenía la certeza de poder cuajarlo de esta forma tan intensa». Su lectura encaja con lo visto en la plaza: un toro que ofrecía poco y una faena que, precisamente por eso, tomó mayor valor.
La tarde deja a Jerez con un cartel que respondió en los tres nombres y con un ciclo que se apoyó en una memoria reciente y en un hierro reconocible. Morante volvió a encontrar en Álvaro Núñez un toro para construir una obra de fondo, y la salida a hombros con Juan Ortega y Manzanares cerró una cita que se leyó, desde el ruedo y desde los tendidos, como una de las más serias del ciclo.

