Lectura: Sorogoyen y Cannes: la experiencia inmersiva de Black Mirror da un salto

Sorogoyen y Cannes: la experiencia inmersiva de Black Mirror da un salto

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El ha llevado este año su apuesta por la realidad inmersiva un paso más allá con nueve obras nominadas al premio especial que creó hace dos años para este tipo de trabajos. Entre ellas está , un proyecto de la empresa española , con sede en Barcelona, que dura una hora y coloca al participante dentro de un universo virtual inspirado en la serie distópica de .

La pieza no se mira: se vive. Durante esa hora, los asistentes se ponen gafas de realidad virtual, responden preguntas, son fotografiados, se les graba la voz y actúan dentro de un mundo digital diseñado para reaccionar a ellos. Más de veinte personas han trabajado en el proyecto, que cuenta con un presupuesto de casi dos millones de euros, una cifra que ayuda a explicar por qué Cannes ha decidido tratar estas obras como una categoría propia y no como una simple extensión del cine.

La edición de este año del festival comenzó el martes, y la presencia de estas nueve nominadas marca un momento útil para medir hasta dónde ha llegado un formato que todavía está dando sus primeros pasos. Desde la escena tecnológica y creativa, Univrse defiende que lo que está en juego ya no es solo una nueva manera de contar historias, sino una nueva manera de habitarlas.

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lo resumió con una frase que encaja con ese cambio de paradigma: “Estamos llegando al final del stroytelling y entramos de lleno al storyliving”. También sostuvo que el proyecto reúne las últimas innovaciones en un sector en claro crecimiento y que pronto puede convertirse en el gran dominador del entretenimiento de masas.

Esa ambición convive, sin embargo, con una realidad todavía muy incipiente. Cannes creó este premio especial hace apenas dos años y sigue explorando qué lugar deben ocupar estas piezas entre el cine, el videojuego y la performance. Sanz insistió en que ya no se puede hablar solo de una película o de un videojuego, sino de una experiencia que involucra todos los sentidos y facultades, y añadió que cada usuario vive una versión distinta de la misma historia.

El propio funcionamiento de la obra apunta en esa dirección: hay quienes, según Sanz, llegan a arrastrarse por el suelo convencidos de que lo que les sucede es real. Esa reacción explica por qué la industria mira con atención a este tipo de trabajos. No se trata únicamente de una novedad formal, sino de una forma de participación que rompe la distancia entre espectador y obra, justo la frontera que el cine comercial empezó a dibujar en 1895, cuando los hermanos Lumière probaron el cinematógrafo, el primer paso hacia la comercialización de las imágenes en movimiento.

El nombre de aparece en Cannes como referencia al recorrido español del festival, junto a y , pero el foco de esta edición está en la irrupción de obras como The black mirror experience. Si el certamen sigue empujando este formato, la pregunta ya no es si la realidad virtual encontrará su sitio en el entretenimiento de masas, sino cuánto tardará en reclamarlo.

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