Lectura: Darren Aronofsky ve Black Swan llegan al escenario con un giro musical

Darren Aronofsky ve Black Swan llegan al escenario con un giro musical

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vio por primera vez en 2010 y salió con la sensación de que la historia seguía moviéndose dentro de ella. Ahora dirige la nueva versión teatral del filme de , que presentará como un musical con música y letras de , libreto de y supervisión musical de Or Matias.

La película de 2010 sorprendió al público con su retrato de una bailarina empujada al límite mientras intentaba quedarse con el papel principal en El lago de los cisnes de Tchaikovsky. interpretó a Nina, una bailarina atrapada entre la presión de su madre Erica, las exigencias del y la amenaza de perder el papel de Black Swan frente a su rival Lily. En la adaptación escénica, Nina será interpretada por Melanie Moore, mientras que su madre pasa a llamarse Barbara y será encarnada por Kate Jennings Grant; el director artístico también cambia de género y se convierte en Margaux LeRoy, interpretada por Amber Iman.

Tayeh, que ganó un Tony Award por su trabajo en escena, dijo en una entrevista reciente que la danza suele parecer fácil desde afuera. “La gente tiende a pensar que bailar es fácil”, señaló. “No se siente así en absoluto. Es un oficio real que exige tanta concentración, tiempo y sacrificio, como el de cualquier artista”. Su visión encaja con una producción que depende justamente de convertir el esfuerzo físico en parte del relato, no en un adorno.

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Aronofsky reconoció por correo que durante mucho tiempo pensó que sería extremadamente difícil llevar Black Swan a un musical. Cambió de opinión al conocer mejor los trabajos previos de Malloy, Silverman y Tayeh. “Me di cuenta de que eran exactamente el equipo adecuado para llevar la película al escenario”, dijo. Silverman explicó que lo que más le atrajo fue contar una historia con danza y con música, algo que su trabajo habitual no le permite con la misma amplitud. “Cuando escribo obras, televisión o películas, por lo general no estoy trabajando con una compañía de bailarines o con un coreógrafo”, dijo.

La nueva producción no solo traslada una historia conocida al teatro; también reordena sus piezas. La versión original se apoyaba en la fotografía de Matthew Libatique y la coreografía de Benjamin Millepied para construir la caída psicológica de Nina, mientras Thomas Leroy la humillaba verbalmente y la acosaba sexualmente en su obsesión por volverla más audaz. La adaptación escénica, en cambio, se mueve con otros códigos: introduce canciones, cambia nombres y convierte a la directora artística en una mujer. Ese giro no suaviza el material. Lo vuelve a presentar desde otro ángulo, con la misma presión sobre el cuerpo de la bailarina en el centro.

El resultado es que Black Swan no llega al teatro como un simple recuerdo del éxito de 2010, sino como una prueba de hasta dónde puede estirarse una historia que ya nació hecha de ambición, disciplina y ruptura. La pregunta que quedaba abierta para Aronofsky ya está respondida: sí, su película puede convertirse en musical, siempre que el escenario esté dispuesto a tratar la danza como drama y no como decoración.

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