Daniel Broncano empezó a llevar recitales a Segura de la Sierra en 2013, cuando todavía era un músico joven que estudiaba en Londres y soñaba con que algún gran nombre de la música clásica descubriera el pueblo. Doce años después, aquella idea sostiene Música en Segura, que celebra ahora su 13ª edición en este pequeño municipio de Jaén.
Brancano, clarinetista de formación y gestor cultural, explicó que lo hizo “sin demasiadas pretensiones”, con la ilusión de acercar la música a la tierra donde nació y de atraer también visitantes de fuera. El festival sigue siendo independiente y mantiene una programación que saca la música de los auditorios y la lleva a escenarios poco habituales, desde conciertos en la naturaleza hasta actuaciones en un pueblo al amanecer, una cooperativa o un paisaje abierto.
Antes de dedicarse a la gestión cultural, Broncano trabajó como clarinetista en instituciones como la Orquesta de Córdoba y la Sinfónica de Tenerife. Esa experiencia en las salas de concierto ayuda a entender el giro que dio después con Música en Segura: no se trata de trasladar un programa urbano a un entorno rural, sino de buscar una forma distinta de escuchar. El propio origen del proyecto estuvo ligado a su esposa, la mezzosoprano neozelandesa Felicity Smith, que falleció de forma trágica antes de que pudiera celebrarse la primera edición.
En su relato, Broncano recordó que el festival nació “de la mano” de Smith, y que aquella pérdida marcó el comienzo de una iniciativa que ha terminado convirtiéndose en una cita estable en el calendario cultural de la comarca. Hoy, con su 13ª edición en marcha, Música en Segura ya no depende de una sola intuición: confirma que la apuesta por llevar música clásica a espacios vividos y paisajes abiertos tiene recorrido propio y ha encontrado público para sostenerse.
