Netflix estrenó el viernes 15 de mayo la nueva temporada de Berlín, titulada Berlín y la dama de Armiño, y volvió a poner en marcha a su ladrón más elegante con un golpe que se mueve entre París, una casa de subastas y un noble al que la banda intenta vaciarle el patrimonio. Esta vez, Berlín no repite la fórmula de la primera temporada: llega a la capital francesa con una banda distinta y con un plan que depende tanto del engaño como de la precisión.
La nueva entrega de Berlin Serie, derivada de La casa de papel, gira en torno a un robo diseñado para hacer creer a un importante noble que el objetivo es un cuadro de Leonardo Da Vinci, mientras en realidad la banda se acerca a un botín de joyas valorado en 44 millones de euros. Berlín arranca la operación con Cameron a su lado, mientras la banda de la primera temporada —Keila, Roi, Damián y Bruce— ya había demostrado que podía infiltrarse en una mansión haciéndose pasar por policías y salir de allí con un cáliz. Esa primera misión terminó además con una red de movimientos por París que incluyó catacumbas e iglesia para entrar en la casa de subastas más importante de la ciudad.
La continuidad importa porque la serie no abandona el molde del gran atraco, pero sí cambia la forma en que lo cuenta. En la primera temporada, Berlín dejó atrás a una chica después de que le hubieran dejado, se instaló en París, sumó a Cameron y terminó desarrollando una nueva banda sobre la marcha. Ahora, el relato vuelve a usar ese terreno como base para otra estafa de alto riesgo, con un noble como blanco y una mansión, una cripta y unas catacumbas como piezas del tablero.
La tensión de esta temporada no está solo en el botín. Berlín usa el cáliz del robo anterior para intentar abrirse camino hacia las joyas, engaña a un cura para utilizar la cripta de una iglesia y, desde allí, la banda accede a las catacumbas de París para tomar el control de las cámaras de seguridad de la casa de subastas. Al mismo tiempo, el golpe se contamina con vínculos personales: Roi y Cameron desarrollan un interés amoroso, Bruce le dice a Keila que se siente atraído por ella, y Berlín siente algo por Camille, la esposa del director de la casa de subastas, aunque ella le deja claro que está casada.
Con ese cruce entre robo, seducción y traición, la nueva temporada deja claro cuál es su apuesta: no se trata de repetir el atraco anterior, sino de llevarlo más lejos y más cerca del desastre. Y la pregunta que queda ya no es si Berlín puede entrar en otro lugar imposible, sino cuánto tiempo puede sostener un plan construido sobre disfraces, túneles y afectos que no obedecen a nadie.

