La empresa japonesa Ohta Seiki está recibiendo una avalancha de pedidos de sus robots Monster Wolf, diseñados para ahuyentar animales salvajes, mientras Japón lidia con una oleada de ataques y avistamientos de osos. El presidente de la compañía ha pedido a los clientes que esperen entre dos y tres meses porque no puede producirlos con suficiente rapidez.
Ohta Seiki fabrica estos robots a mano en Hokkaido. El Monster Wolf usa sensores de movimiento para detectar presencia y, cuando la detecta, gira la cabeza de un lado a otro y activa alrededor de 50 sonidos diferentes, entre ellos voces humanas, aullidos y ruidos electrónicos que pueden oírse a un kilómetro de distancia. El modelo básico cuesta alrededor de 3.000 libras esterlinas, más de 3.400 euros.
La demanda llega en un momento especialmente delicado. En 2025, Japón registró 13 ataques mortales de osos, y las autoridades contabilizaron más de 50.000 avistamientos en todo el país. El número de osos sacrificados alcanzó los 14.601 ejemplares, una cifra que refleja la presión creciente sobre comunidades que viven cada vez más cerca del animal.
Las regiones del norte figuran entre las más afectadas, con osos que se acercan a zonas habitadas y han llegado a entrar en viviendas, aproximarse a escuelas y causar daños en tiendas, balnearios y explotaciones agrícolas. En ese contexto, los Monster Wolf se han convertido en una respuesta práctica para lugares que buscan mantener a raya a los animales sin depender solo de medidas improvisadas.
El problema para Ohta Seiki es que el interés supera claramente su capacidad de fabricación. Cada robot requiere trabajo manual, y la empresa no puede aumentar la producción al ritmo al que llegan los encargos. La consecuencia es sencilla: cuanto más se agrava la amenaza de los osos en Japón, más difícil resulta conseguir uno de estos lobos mecánicos a tiempo.
