Lectura: Lola Lolita habla de salud mental y del coste real del odio en redes

Lola Lolita habla de salud mental y del coste real del odio en redes

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ha puesto la salud mental por delante de todo lo demás. En una entrevista reciente con ¡HOLA!, la creadora aseguró que el éxito, los viajes y las portadas no sirven de nada si no se está bien por dentro, y dejó claro que no piensa fingir que el odio en internet no le afecta.

“Si te digo que no me afecta, te estaría mintiendo”, dijo. También explicó que la clave está en la importancia que cada uno le da a la crítica y en cómo aprende a llevarla. En su caso, la reacción cambia por etapas: hay días en los que se levanta y no se encuentra bien, y otros en los que todo le resulta indiferente. Ese vaivén, admitió, forma parte de la vida de quien vive expuesta al juicio público.

La influencer, que acumula más de cuatro millones de seguidores, contó que ahora ve a un psicólogo cada dos semanas y que para ella la terapia es “importante e imprescindible”. Lo planteó como una herramienta de fondo, no como un gesto pasajero. Dijo que hay cosas que para otras personas pueden parecer pequeñas, pero que en ella se vuelven un mundo, la consumen y le hacen daño si no las trabaja a tiempo.

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Su exposición a las críticas se intensificó después de su paso por , cuando, según relató después en , empezó a recibir muchos insultos de personas de 40, 50 o 60 años. Entonces reconoció que se puso triste, pero también que esa experiencia le enseñó bastante. Más tarde, en la entrevista con ¡HOLA!, fue aún más directa al decir que no entiende la saña de quienes olvidan que detrás de la pantalla hay una persona que siente.

Ese punto conecta con una tensión que atraviesa todo lo que cuenta Lola Lolita: está acostumbrada a que el público opine sobre ella, pero cree que esa costumbre no debería normalizar el desprecio. Para ella, el hecho de trabajar en el ojo público no borra la responsabilidad de medir las palabras, y por eso defiende que ese tipo de comportamiento debería regularse con seriedad.

La propia creadora ha visto, al mismo tiempo, cómo su audiencia se ha ampliado de forma notable. Dice que ahora la paran por la calle personas de edades muy distintas y que incluso gente mayor le comenta que la conoció por la televisión, algo que considera maravilloso porque rompe prejuicios. En ese crecimiento también ha cambiado su manera de vivir los golpes: antes, cuando ocurría algo malo, se quedaba atrapada en ello y se castigaba mucho. Ahora intenta relativizar más, confiar más y pensar en positivo.

Esa evolución no la presenta como una cura mágica, sino como una forma de sostenerse mientras sigue bajo foco. Ella misma admite que es bastante perfeccionista, quizá demasiado, pero también que ha aprendido a ver el lado bueno de las cosas. Y, en su caso, eso ya no suena a consigna vacía, sino a la respuesta más concreta que tiene hoy frente a las críticas: aceptar que duelen, pedir ayuda y no dejar que el ruido mande.

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