Lectura: Canal Sur Directo: el toro vuelve a mandar en una Fiesta en auge

Canal Sur Directo: el toro vuelve a mandar en una Fiesta en auge

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El toro volvió a ocupar el centro de la conversación taurina en 2026, con una sucesión de llenos que confirmó el tirón de la y reavivó una idea vieja, pero todavía decisiva: sin toro no hay corrida. En San Isidro se colgaron diez carteles de “No hay billetes” antes de que sonara el primer clarín, y esperaba al menos siete tardes más con los tendidos completos.

La lectura no se quedó en Madrid. La Maestranza registró nueve tardes de no hay billetes, una cifra que reforzó la sensación de que el interés no era un episodio aislado. También se apuntó a un público más joven en la Monumental, un dato que ayuda a explicar por qué el coso y el toro siguen ocupando espacio en la conversación cultural y comercial de esta temporada.

La reflexión de fondo remite a una vieja taxonomía taurina. ya había descrito tres clases de aficionados y públicos en su , una manera temprana de ordenar miradas distintas sobre la lidia. Pero en la base de todas ellas permanece la misma premisa: el toro como referencia absoluta. lo escribió con claridad en ABC y en : para ver una corrida correctamente no hay que perder de vista al toro.

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Corrochano dejó frases que siguen funcionando como brújula para entender la plaza. “Donde está el toro, está la corrida”, resumió. En otra formulación, sostuvo que “el toro no solamente es el protagonista, es el objeto del espectáculo” y que el espectador que aparta la vista del toro en ese instante deja de ver la corrida. Su idea iba más lejos: “La posibilidad del toreo la da el toro”.

Ese planteamiento conecta con la manera en que hoy se lee la lidia. El artículo que recoge estas referencias insiste en que el toro es el protagonista y el objeto del espectáculo, y que el aficionado que mira hacia otro lado pierde la escena esencial. No es solo una defensa romántica del animal en el ruedo; es una definición del mecanismo mismo de la corrida, de lo que permite juzgarla y entenderla.

La fuerza de esa tesis se nota precisamente en un momento de expansión. Cuando hay diez carteles de lleno en San Isidro, nueve tardes completas en la Maestranza y varias fechas más a punto de cerrar con todo vendido, el público no está comprando un relato abstracto, sino una experiencia centrada en el toro. Por eso el incremento de jóvenes en la Monumental no se lee aquí como una anécdota generacional, sino como parte de un regreso al núcleo del espectáculo.

La tensión está en que el auge de la Fiesta podría invitar a hablar de toreros, carteles o taquilla, pero el criterio que ordena todo sigue siendo otro. Corrochano lo dejó por escrito hace décadas y la temporada de 2026 lo volvió a poner sobre la mesa: el toro decide lo que la corrida es y lo que el espectador ve. Si el interés crece, crece alrededor de esa verdad básica. Y hoy, con las plazas respondiendo y el relevo de públicos asomando, esa verdad pesa más que nunca.

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