Brasil debutará este sábado en el Mundial 2026 contra Marruecos en el Metlife Stadium de Nueva Jersey, en el partido que abre el Grupo C. Será el primer encuentro mundialista de Ancelotti como seleccionador y llega con las dos alineaciones ya definidas para una cita que pone en marcha el camino de la Canarinha en el torneo.
Brasil saldrá con Alisson; Douglas Santos, Marquinhos, Gabriel Magalhães y Roger Ibáñez; Casemiro, Bruno Guimarães y Lucas Paquetá; Vinícius Júnior, Raphinha e Igor Thiago. La apuesta dibuja un tridente ofensivo claro y un medio campo armado para sostener la posesión y llegar con equilibrio, mientras Marruecos responderá con Yassine Bounou Bono en portería y Brahim Díaz como referencia más adelantada dentro de un once lleno de nombres para poblar el centro.
El partido importa porque abre un Grupo C que también incluye a Escocia y Haití, y porque enfrenta a Brasil con un rival que quiere cerrar espacios por dentro desde el arranque. El cruce se jugará con Slavko Vincic como árbitro y con el peso añadido de una sede que ya alberga uno de los primeros duelos entre selecciones de los grupos B, C y D en este Mundial, junto con estadios de San Francisco, Boston y Vancouver.
Ahí está la fricción del encuentro: Brasil llega con tres hombres de ataque y Marruecos con una estructura pensada para juntar gente en el medio y dejar a Brahim Díaz arriba casi solo. Si la idea de Mohamed Ouahbi es sostener el partido desde la densidad interior, la respuesta de Ancelotti será acelerar por fuera y obligar al rival a correr hacia atrás desde el primer tramo. Ese choque de planes puede marcar más el tono del debut que cualquier pronóstico previo.
Fuera del foco principal, otra imagen del fútbol mundial dejó una huella distinta. Ricardo Pepi, de 23 años y delantero del PSV Eindhoven en los Países Bajos, recordó un partido que jugó de adolescente mientras empezaba a llover y las gradas se vaciaban. Miguel López contó que el padre de Pepi se quedó viendo a su hijo bajo una fuerte lluvia, y el propio delantero resumió el peso de ese recuerdo al hablar de los sacrificios para llegar hasta aquí, no solo los suyos sino también los de su familia. Ese tipo de escenas ayuda a explicar por qué un debut mundialista se siente tan grande cuando por fin llega.
Para Brasil, lo inmediato es simple: empezar el sábado con una victoria y salir del estreno sin regalarle a Marruecos el partido que quiere jugar por dentro. Para Marruecos, el reto será comprobar si su plan de centro cerrado y Brahim Díaz como punta puede resistir desde el primer minuto a un rival que ya aparece con ritmo, nombres y una idea ofensiva lista para probarse en el Mundial 2026.

